
Una de las mejores definiciones de liderazgo que he leído proviene del libro de J. Oswald Sanders Spiritual Leadership: “El liderazgo es influencia”.
Para los líderes espirituales, esa influencia nunca debe tomarse a la ligera. Es un don de Dios y una mayordomía para Él. Ya sea que nuestro liderazgo se ejerza en el hogar, la iglesia, el trabajo o la comunidad, nuestras decisiones influyen en quienes nos observan y nos siguen.
La libertad cristiana es otro don que Dios ha confiado a los creyentes: la libertad bajo la gracia para seguir nuestra conciencia en asuntos que la Escritura no expone de forma explícita. Esta libertad es tan significativa que, cuando al apóstol Pablo se le preguntó acerca de comer carne que había sido ofrecida a los ídolos, no simplemente dictó una norma. Más bien, expuso el principio de la libertad cristiana.
Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. (1 Corintios 8:8)
Sin embargo, aun cuando Pablo afirmó esta libertad, puso límites en su aplicación. Estaba dispuesto a limitar su libertad antes que hacer tropezar a otro creyente.
Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. … Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano. (1 Corintios 8:9, 13)
Aquí vemos un principio importante para el liderazgo espiritual: los líderes maduros están dispuestos a limitar su libertad cuando al ejercerla podría convertirse en un tropiezo para otros.
Me gusta ilustrar la responsabilidad de los líderes con el siguiente diagrama:

Cuanto más alto avanzas en el liderazgo (representado aquí por los lados del triángulo), menos derechos reclamas. En su lugar, te orientas hacia las responsabilidades. En una frase: los líderes limitan la libertad.
Pablo desarrolla este principio en Romanos 14:
De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. … No sea, pues, vituperado vuestro bien: … Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. (Romanos 14:12–13, 16, 19)
¿Cómo se ve en la práctica la disposición a limitar la libertad? Romanos 14 nos da tres principios orientadores:
1. Usa discernimiento
Todo cristiano debe vivir con la conciencia de que un día estaremos delante de Cristo y daremos cuenta de nuestras decisiones.
De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. (Romanos 14:12)
Cuando la Escritura da un mandato claro, nuestra responsabilidad es sencilla: obedecer. Pero en áreas de libertad cristiana, necesitamos discernimiento espiritual. Primera de Corintios 6:12 nos recuerda: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen”. Algo puede ser lícito sin ser provechoso.
Para los líderes espirituales, esta responsabilidad tiene un peso adicional. No solo daremos cuenta por nosotros mismos, sino que la Escritura nos recuerda que los líderes, especialmente los pastores, “velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (Hebreos 13:17).
La libertad cristiana debe ejercerse con una conciencia limpia delante de Cristo, creyendo que nuestras decisiones son sabias, convenientes y agradables a Él.
2. Vive con responsabilidad
El liderazgo también exige reconocer que nuestras decisiones no nos afectan solo a nosotros. Quienes nos siguen a menudo toman ejemplo de lo que ven en nosotros.
Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. (Romanos 14:13)
Lo que los líderes hacen con moderación, a menudo la siguiente generación lo hace en exceso. Esa realidad debería hacernos especialmente cuidadosos en cómo ejercemos la libertad cristiana.
Hay ocasiones en las que un líder debe limitar una libertad, no porque la Escritura la prohíba directamente, sino porque ejercerla podría confundir a un cristiano más joven, debilitar a alguien que está luchando, minimizar las convicciones o prácticas del ministerio al que sirve, o disminuir su eficacia como líder.
Así, un líder maduro va más allá de: “¿Tengo libertad para hacer esto?”, y se plantea preguntas adicionales: “¿Podría esto convertirse en un tropiezo para otros?” “¿Qué comunicará esto a quienes me siguen?” “¿Podría mi libertad dañar el testimonio de Cristo?”
Eso no es esclavitud. Es liderazgo responsable.
3. Sé considerado
Nuestras decisiones afectan a cómo otros ven nuestro testimonio de Cristo. Por eso, Pablo da una importante palabra de advertencia:
No sea, pues, vituperado vuestro bien…. Sigamos, pues, lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. (Romanos 14:16, 19)
Algo puede ser lícito delante de Dios y al mismo tiempo ser fácilmente malinterpretado por las personas a las que intentamos alcanzar o guiar. Un cristiano considerado valora su testimonio más que su libertad.
Como líderes espirituales, nunca queremos que una decisión personal se convierta en una distracción innecesaria del mensaje que predicamos o del ministerio que Dios nos ha confiado.
Así que, antes de ejercer una libertad, debemos considerar no solo si podemos hacerlo, sino si hacerlo fortalecerá o debilitará nuestro testimonio ante aquellos a quienes buscamos influir. Y, además de proteger nuestro testimonio, debemos preguntarnos si nuestras decisiones edificarán a otros, si ayudarán a fortalecer su fe y a animar su crecimiento espiritual.
El objetivo de la libertad cristiana no es descubrir cuán cerca podemos vivir del límite. Es usar cada área de nuestra vida para la gloria de Dios y el bien de los demás.
El amor limita voluntariamente la libertad
En el fondo, este principio no se trata de restricción, sino de amor.
El amor no pregunta solo qué es libre de hacer. El amor considera el efecto de sus decisiones en los demás. Valora el crecimiento de otro creyente, el testimonio de Cristo y la fortaleza del ministerio más que el ejercicio de un derecho personal.
Por eso el amor limita voluntariamente la libertad. Gálatas 5:13 da esta instrucción: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”.
Para un líder espiritual, el uso más elevado de la libertad cristiana es ejercerla de una manera que ayude a otros a seguir a Cristo.


