
Terrie y yo celebramos cuarenta y cinco años de matrimonio el pasado diciembre. Para quienes están casados, no será una sorpresa saber que, a lo largo de más de cuatro décadas y media, hemos pasado por muchos conflictos y desacuerdos.
El conflicto es una parte inevitable en cualquier relación verdaderamente profunda, incluyendo el matrimonio. Algunas parejas suponen que el conflicto debe evitarse a todo costo. Sin embargo, la cuestión real no es si surgirán desacuerdos, sino cómo respondemos cuando llegan. El mayor peligro aparece cuando el conflicto se ignora, se niega o se deja sin resolver.
Gracias a Dios, la Palabra de Dios ofrece instrucciones claras y prácticas para manejar el conflicto de una manera que protege la unidad, fortalece la confianza y honra a Cristo. Cuando se trata a la manera de Dios, el conflicto puede convertirse en una oportunidad de crecimiento en lugar de una fuente de división.
When approached God’s way, conflict can become an opportunity for growth rather than a source of division. Compartir en XAquí tienes cinco pasos bíblicos para tratar con el conflicto matrimonial.
Paso 1: Reconoce el conflicto
Una de las respuestas más comunes y destructivas ante el conflicto es la negación: fingir que todo está bien cuando no lo está. Ignorar el conflicto no hace que desaparezca. Más bien, los asuntos sin resolver suelen reaparecer más adelante de formas más perjudiciales.
La Escritura nos anima a “siguiendo la verdad en amor” (Efesios 4:15). Esto significa enfrentar los desacuerdos con honestidad, pero con gracia y humildad. Evitar conversaciones difíciles puede parecer más fácil en el momento, pero con el tiempo suele llevarnos a amargura y a distanciamiento emocional.
Reconocer el conflicto no significa intensificarlo. Más bien, significa estar dispuesto a admitir que algo no va bien y comprometerse a enfrentarlo en lugar de evitarlo. Cuando ambos cónyuges están dispuestos a enfrentar un asunto con un espíritu amoroso, se crea espacio para la comprensión, el arrepentimiento, la reconciliación y el crecimiento en la relación.
Paso 2: Busca la sabiduría de Dios
Antes de comenzar una conversación difícil, detente y busca al Señor. Santiago 1:5 promete sabiduría a quienes piden a Dios con sinceridad y humildad: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.
Cuando surge el conflicto, fácilmente las emociones pueden tomar el control, y reaccionar demasiado rápido suele llevarnos a palabras de las que luego nos arrepentimos. La oración nos frena. También permite que Dios examine nuestro corazón, descubra el orgullo y alinee nuestras respuestas con Su voluntad.
Buscar la sabiduría de Dios nos recuerda que el objetivo no es ganar una discusión, sino glorificar a Dios por medio de cómo tratamos a nuestro cónyuge.
Paso 3: Comunica con gracia
La manera en que hablamos durante el conflicto tiene un impacto significativo en el resultado. Proverbios 15:1 enseña: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor”. Las palabras duras o que acusan tienden a inflamar la tensión, mientras que las respuestas amables y consideradas pueden ayudar a calmar la situación.
Una pauta útil es centrarse en el problema en lugar de atacar a la persona. Usar frases en primera persona (yo) en lugar de culpar puede mantener la comunicación constructiva. Por ejemplo, decir: “Me sentí herido cuando…” suele ser más eficaz que: “Tú siempre…”, porque expresa preocupación sin poner a tu cónyuge a la defensiva.
La comunicación eficaz también implica escuchar. La Escritura nos recuerda: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19). La verdadera comunicación requiere la disposición a escuchar el corazón de tu cónyuge sin interrumpir ni ponerte a la defensiva. Cuando ambos cónyuges se comprometen a escuchar y a responder con gracia, crean espacio para resolver el conflicto en lugar de intensificarlo.
Paso 4: Elige perdonar
La falta de perdón es una de las mayores amenazas para la unidad matrimonial. Efesios 4:32 nos llama a “ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Cuando se retiene el perdón, la amargura echa raíces y la intimidad se resiente.
Perdonar no significa minimizar el dolor ni fingir que la ofensa nunca ocurrió. Es una decisión deliberada de cancelar la deuda y negarse a usarla contra tu cónyuge. Al hacerlo, liberas tanto tu corazón como tu matrimonio del peso del resentimiento.
El perdón no es un sentimiento que surge de manera natural; es una decisión de obediencia. A menudo, debemos decidir perdonar antes de que nuestras emociones acompañen esa decisión. Cuando el perdón reemplaza la amargura, se permite que comience la sanidad.
Dios nos llama a perdonar porque nosotros mismos hemos sido perdonados. Cuando dependemos de Su gracia, el perdón se convierte en un camino hacia la restauración en lugar de una barrera para la cercanía.
Paso 5: Trabaja por la unidad, no por la victoria
En momentos de conflicto, hay una tentación a centrarse en tener razón o en demostrar un punto. Pero el matrimonio no consiste en ganar discusiones; consiste en construir unidad. Génesis 2:24 describe el diseño de Dios para el matrimonio: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Cuando los cónyuges se ven como oponentes, ambos pierden.
La unidad no sucede automáticamente. Requiere humildad y disposición a priorizar la relación por encima del orgullo personal. En lugar de ver a tu cónyuge como la oposición, acuérdate que están en el mismo equipo.
Cuando maridos y mujeres recuerdan que están esforzándose juntos —no el uno contra el otro—, el conflicto puede convertirse en una oportunidad para una comprensión más profunda y una unidad más fuerte. En lugar de preguntar: “¿Cómo puedo ganar esta discusión?”, una pregunta mejor es: “¿Cómo podemos avanzar juntos de una manera que honre al Señor y refleje Su gracia?”.
Del conflicto al crecimiento
El conflicto es una parte normal de la vida matrimonial, pero no tiene por qué dañar tu relación. Cuando el conflicto se reconoce, se lleva ante el Señor, se aborda con una comunicación llena de gracia, se afronta con perdón y se orienta hacia la unidad, Dios puede usarlo para fortalecer tu matrimonio.
La próxima vez que te encuentres con un desacuerdo, recuerda estos cinco pasos. Al elegir honrar a Dios en cómo respondes, fortalecerás tu matrimonio y construirás un fundamento duradero de amor y confianza.
